viernes, 4 de abril de 2014

¿PARA QUÉ ESTOY AQUÍ EN LA TIERRA?



enmundoentusmanos
Iniciamos 40 días con propósito que tiene un significado muy especial para nosotros: Vamos a buscar, todo el Tabernáculo de la Fe, la unanimidad, estar unidos con iguales pensamientos y con los mismos sentimientos.
“Mi hogar… una sinfonía de paz” es nuestro imperativo estratégico, ¡y no es negociable! Necesitamos descubrir el propósito de Dios para nuestras vidas. Según Ro.8:29-30 Dios, nos conoció, nos eligió, nos llamó, nos justificó y nos glorificó; desde antes de la fundación del mundo: Hemos sido amados para amar. Ef.1:4-11 muestra que no estamos aquí por casualidad; hay un diseño y un propósito divinos; pensemos en el momento que fuimos engendrados: Un solo espermatozoide entre cerca de 500.000, fecundó el óvulo, pues hemos sido creados conforme al designio de su voluntad y luego, fuimos redimidos por la sangre de Jesucristo, hechos “hijos de Dios” (por adopción) con todos los mismos derechos, y coherederos con Cristo (el Hijo de Dios por naturaleza) de todos los bienes celestiales (Ro.8:17).
El Sl.139:13-18 dice que somos una creación admirable, por eso el aborto es un menosprecio a la obra del Señor. Toda obra existe primero en la mente de su diseñador, luego es plasmada en unos planos, y finalmente existe mediante la ejecución de la obra.
Existen los llamados “inalterables divinos” que debemos aceptar, como son: 1) Mis padres, 2) el momento histórico en que fui concebido, 3) mi raza, 4) mi nacionalidad, 5) mi sexo, 6) mis rasgos físicos, estatura, contextura etc.
Ef.2:10 Dice que somos hechura, “Poiema” en el griego, de donde se deriva la palabra poema. Somos un “poema divino” y Dios sigue trabajando con nosotros en la obra que Él planeó desde la eternidad, nos está haciendo “a la imagen de su amado Hijo” hasta que vivamos como Jesús, pensemos como Jesús y actuemos como Él.

Podemos exclamar como Pablo: “Estoy convencido de esto: El que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Fil.1:6).

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